EL VINO EN VALDETORRES



Hace un tiempo los miembros de este equipo de estudio del archivo histórico municipal, llevamos a cabo un trabajo para recopilar distintas informaciones sobre la tradición vinícola en nuestra localidad.
Dada la importancia que este cultivo tuvo en Valdetorres encontramos numerosas referencias a distintos aspectos relacionados tanto con las viñas y su cultivo como sobre el consumo posterior del vino. La información que pudimos rescatar se dio a conocer en una conferencia hace unos años, pero nos ha parecido interesante estructurar todos esos datos que conseguimos recopilar en forma de entrada, para que también sean accesibles a través de este blog.
A modo de guía, hemos estructurado los datos en distintos epígrafes de forma que puedan cubrir las distintas facetas que nos ofrece el cultivo del vino. En primer lugar, ofrecemos un panorama aproximado de la extensión física de las viñas en nuestra localidad, pasamos después a centrarnos en como eran las tierras donde se plantaban estas vides, como se cultivaban y quienes eran los propietarios. Siguiendo el ciclo vital del vino, lo siguiente que vamos a tratar es como se cultivaban y aprovechaban esas viñas. Por último, trataremos la fase final de todo este proceso; cómo se consumía o comerciaba con el vino.

Situación de las viñas de Valdetorres.

Prácticamente hasta finales del siglo XIX, nuestro pueblo contaba con una importante extensión de plantaciones de viña. Este hecho se pone de manifiesto sobre todo a partir de mediados de ese siglo, puesto que es de esas fechas de las que disponemos en el archivo de exhaustivos libros de amillaramiento, en los que se recogen las propiedades de los vecinos, especificando, en el caso de las rústicas el uso de las mismas, su extensión y el paraje en que se ubican. En base a estos datos hemos podido elaborar un mapa aproximado de los parajes en los que había viñas.

Distribución de las viñas en el término municipal. Amillaramiento 1870.

Como podéis ver en la imagen, los plantíos estaban muy repartidos a lo largo del término municipal. Las que hemos marcado en azul, corresponden a los parajes de Cuesta Morena y Bajo el Monte, diferenciadas en color, ya que muchos de los propietarios de viñas en estas dos zonas eran vecinos de El Casar.
El resto se sitúan en parajes como Valdelamiel (las más cercanas al pueblo), Silillos, los Retamares o las Suertes.
El denominador común de todos estos parajes es la calidad de las tierras. Las cepas no necesitan una tierra de “calidad” con demasiados nutrientes por lo que en muchas ocasiones se plantan en terrenos que se descartan para el cultivo del cereal. Este tipo de terrenos arenosos o con muchas piedras son abundantes en distintas zonas del término, aunque avanzando el tiempo y debido a diversos factores como veremos más adelante, también estos suelos terminarán dedicándose al cultivo del cereal.
A través de los datos recogidos en estos libros de amillaramiento, hemos podido aventurarnos también a proporcionar algunas cifras sobre la extensión de terreno que ocupaban estas viñas. Para entender correctamente estas cantidades, hacemos antes dos puntualizaciones. En primer lugar, hay que decir que la medida utilizada en estos libros, y en fuentes anteriores, es la fanega.  En segundo lugar, las tierras se clasificaban en función de su calidad y productividad en tierras de primera, segunda y tercera en el siglo XIX, y en tierras de buena calidad, de media y de ínfima calidad en el siglo XVIII.
Esta es la extensión de terrenos dedicados a viña en dos momentos distintos:

1753 – Catastro de Ensenada – 662 fanegas

Buena calidad – 196 fanegas
Media calidad – 366 fanegas
Ínfima calidad – 110 fanegas

1870 – Libro de amillaramiento – 930 fanegas

Primera calidad – 158 fanegas
Segunda calidad – 296
Tercera calidad – 476

Para entrar en algo más de detalles, los parajes con mayor número de fanegas de viña plantadas en este año de 1870 serían los siguientes:

Valdelamiel – 22 fanegas y 78 celemines
Retamar – 22 fanegas y 69 celemines
Camino de En medio – 22 fanegas y 42 celemines
La Solana – 14 fanegas y 24 celemines
Marjomar 12 fanegas y 36 celemines
Las Cavas – 12 fanegas y 30 celemines

1899- Libro de amillaramiento – 405 fanegas

Primera calidad – 38
Segunda calidad – 104
Tercera calidad – 263

Las variaciones en la cantidad de fanegas dedicadas a viñas son evidentes, sobre todo en lo que se refiere a finales del siglo del siglo XIX. Esta situación puede explicarse también con los distintos datos presentes en la documentación del archivo municipal. Nos centramos en esta incógnita para empezar con ella el siguiente epígrafe dedicado a la forma de explotación de las viñas y las tierras en las que se enclavaban.

Las viñas y sus tierras.

En primer lugar lo que podemos apreciar es un aumento de la superficie dedica al cultivo de la vid en los ciento diez y siete años que transcurren entre las respuestas al Catastro de Ensenada y el libro de amillaramiento de 1870.
Esto puede explicarse por los distintos repartos de distintos lotes de tierra entre los vecinos de Valdetorres, destinados precisamente a que se plantaran de viña. Más detalle sobre este reparto de lotes o suertes lo tenéis recogido en una entrada de este blog elaborada por Alicia Valdeavero de la que os dejamos el enlace por si queréis refrescar la información http://ahvj.blogspot.com.es/2014/07/el-reparto-de-suertes.html.
En concreto en el año 1767 se hace referencia a un sorteo que probablemente se realizó en el año anterior en el que se especifica que las suertes que correspondieron a cada vecino tienen que plantarse de viñas, tal y como se recoge en una de las Actas de las reuniones del Concejo:

(…) así mismo determinaron que en atención a la real facultad que esta villa ha conseguido de su majestad. que Dios guarde y señores de su Real y Supremo de Castilla para poder poner de viñas y olivos las tierras de Galga, Marjomar, Pedrizas de las Cabas y Pedrizas por bajo de Silillos, determinaron que por ahora se pongan solo de viñas y olivos los Retamales de Galga y tierras de Marjomar (…)

El uso de estos lotes de tierra que permitía a los vecinos su aprovechamiento como viñas estaba reglamentado por una serie de condiciones:

Las viñas deberían plantarse en el plazo de dos años.
Si el vecino no quiere plantar las tierras de viña puede vendarlas en subasta pública.
En este sentido hay que añadir que estaba prohibido vender estas suertes a forasteros o a la iglesia.
Por último, añadiremos que las suertes grandes tenían una extensión de dos fanegas y las pequeñas de una fanega.
En una foto aérea de 1946 correspondiente a los parajes de los Retamales y las Suertes, puede apreciarse una división característica en franjas rectangulares que probablemente corresponda aún al reparto de suertes entres los vecinos que se llevó a cabo en el siglo XVIII. Estas pequeñas tierras desaparecieron en todo caso con la concentración parcelaria emprendida en lo años 50-60 del siglo XX.

                                                   Parajes de Los Retamales y Las Suertes. Foto área 1946.

En todo caso, los vecinos de Valdetorres ya disponían de viñas en los años previos a esta fecha, ya que así se hace constar en distintos testamentos y dotes; lo que consiguen estos repartos de tierras es aumentar la extensión del cultivo de la vid de forma que prácticamente todos los vecinos disponían de un trozo de tierra en el que pudieran plantar cepas que al menos cubrieran sus necesidades de consumo.
Además de las viñas que eran propiedad de los vecinos de Valdetorres, hay que dejar constancia también de las que pertenecían al Duque de Granada de Ega, como dueño de Silillos poseía una viña de sesenta fanegas, con 20.000 cepas y que le proporcionaba una producción de 300 arrobas (1 arroba equivale a 16,13 litros) al año. Las menciones a las viñas que existían en Silillos son antiguas puesto que ya aparecen en las preguntas que se hacen sobre el término de Valdetorres en 1564.
(…) un heredamiento que se llama Silillos que es de don Juan Hurtado de Mendoza e que el dicho heredamiento tiene un olivar e molinos de aceite y pan y viñas y unas casas principales y una ermita y otras heredades (…). AHMVJ. Caja 81. Exp. 23.
El panorama de propietarios se completa con los ya mencionados vecinos de El Casar que tenían su viñas en las zona de Bajo el Monte y Cuesta Morena.

El cultivo de la vid

Sobre como se llevaba a la práctica el cultivo de la vid en Valdetorres hemos podido rastrear también algunos datos en diversas fuentes, que se unen a los que ya aparecían especificados en el reparto de suertes y las condiciones que tenían que respetar los vecinos.
En el Catastro de Ensenada se dice que “el plantío de las viñas está hecho a marco y la otra si orden alguno”, lo que podemos tomar como un indicio de que los vecinos de Valdetorres no eran demasiado cuidadosos a la hora de plantar las cepas.
Las relaciones del Cardenal Lorenzana dan algunos datos más que pueden apoyar esta percepción ya que se dice que siendo la tierra de Valdetorres excelente para el plantío de viñas y olivos los naturales habían dejado que se arruinaran permitiendo la entrada del ganado en las mismas.
Este asunto de la entrada de animales en las viñas es algo que aparece de forma recurrente tanto en las actas del concejo del siglo XVII como en las del XVIII.
En 1681 el permitir el pasto de ganados en las viñas se convierte en un importante ingreso para el concejo ya que le permite hacer frente a distintos pagos:
“todos juntos conformes acordaron de común consentimiento se vendan los pastos de  las viñas de la dehesa de Valdelamiel y San Roque a luego pagar, y que su valor que se cargan al concejo de esta villa de los cuatrocientos de los guardas que han guardado dichas viñas” “para pagar que esta villa esta debiendo a diferentes personas”
La decisión de arrendar los pastos de las viñas debió de tratarse de algo nuevo para los vecinos ya que en las mismas actas se deja constancia de que algunos pastores habían entrado con sus ganados en las viñas de Valdelamiel, diciendo que podían hacerlo “sin pagar cosa alguna” Según esto el uso de este tipo de pastos debía tener un uso comunal hasta que el concejo necesitó echar mano de estos ingresos.
Ya en el siglo XVIII, en las actas concejiles se recogen distintos pleitos con El Casar relacionados también con la entrada de ganados en las viñas. En este caso el conflicto estaba relacionado con el hecho de que los vecinos de El Casar contaran con viñas en parajes del término de Valdetorres. Esto provocó que los del pueblo vecino nombrarán sus propios guardas de viñas en esas zonas, planteando los de Valdetorres que al parecer no ejercían su labor con la diligencia debida cuando se trataba de las propiedades de los vecinos de nuestro pueblo, permitiendo la entrada del ganado en momentos demasiado tempranos.
Los ganados debían entran en las viñas una vez terminada la vendimia y en muchos casos también después de que se hubiera permitido a las personas pobres y con necesidad recolectar las pocas uvas que siempre se quedaban en las cepas una vez vendimiadas. Las ovejas realizaban una labor de despampanado a la vez que proporcionaban fertilizante natural.
Otra información recurrente en distintas fuentes es la mención de que en Valdetorres no existían bodegas de forma que era muy difícil conservar el vino. En concreto en las Relaciones de Felipe II (1580) se dice “que en esta villa desde Santa María de Agosto de cada un año en adelante hay falta de vino y aún desde Santiago y se proveen de los pueblos comarcanos”
La verdad es que esta afirmación de la escasez de vino y de bodegas para su conservación no deja de ser un tanto extraña ya que muchos sabéis que prácticamente todas la viviendas “antiguas” tenían o tienen bodega, que incluso, al parecer, llegaban a comunicarse entre si.
                                                                       Bodega en el caserío de Silillos.

A esto tenemos que añadir que unos 100 años después de estas Relaciones de Felipe II, en 1673, un vecino de un lugar no muy cercano como Somosierra adquiere vino en nuestra localidad
“el señor Juan Martín, vecino de Somosierra, se lleva de esta villa 38 arrobas de vino blanco, las cuales lleva a la villa de Braojos a casa de Don Alonso Osorio para el gasto de su casa”
En todo caso, es posible que a finales del siglo XVI la situación de escasez de vino fuera la que nos presentan las Relaciones y que posteriormente la puesta en cultivo de nuevas viñas y la construcción de bodegas hicieran que esa situación cambiara.
La falta de vino habría dejado de ser tal en el siglo XVIII, ya que los aforos del vino de esos años demuestran una buena producción.
En las respuestas al Catastro de Ensenada se nos informa de la producción dependiendo de la calidad de las viñas:
“Que el producto de cada fanega plantada de viña de quatrozientas cepas, que la ocupan, las de buena calidad, producirían veinte arrobas, las medianas catorze y diez las de ínfima”
Como ya hemos visto, las suertes que se repartieron entre los vecinos tenían una extensión de una o dos fanegas, de ahí que muchos de los vecinos que aparecen en el aforo del vino de 1776 aparezcan con al menos esa producción de 10 arrobas.
En un cálculo aproximado de los datos que proporcionan estos registros en 1776 los vecinos declararon 3.610 arrobas y en 1829, 2.369 arrobas. Cantidad que estaría bastante repartida ya que por ejemplo en el aforo de 1829, son 97 los vecinos que declaran alguna cantidad de vino almacenada.

Consumo y venta

Este tema del aforo del vino nos sirve para enlazar con la siguiente etapa en la vida del vino, la de su consumo y venta.
El registro de la cantidad de vino de ese año y en su caso también el que se conservara de años anteriores, se encomendaba a los aforadores, puesto que desempeñaban dos vecinos respetados.
Evidentemente el fin último de levantar estos registros era recaudatorio ya que desde finales del siglo XVI, a las alcabalas que gravaban los productos de primera necesidad desde la Edad Media, se suma el servicio de millones. Esta carga impositiva que se planteó en principio como algo extraordinario para hacer frente a las guerras de los Austrias, terminó por hacerse permanente. Este impuesto gravaba el vino, carne, aceite y vinagre y se repercutía en el comprador a través de la denominada sisa, ya que al tener el vendedor que pagar 1/8 del valor de venta lo que hacía era sustraer esa cantidad de lo que al final le servía al comprador.
Como se suele decir, echa la ley, echa la trampa; y eso podemos verlo en la querella que en 1610 mantienen Juan Gutiérrez y Pedro Marina. Este último se encontraba preso en la cárcel de la villa ya que el aforador Juan Gutiérrez le acusaba de no haber declarado una tinaja de la que estaba vendiendo vino. En su defensa Pedro Marina dice
“el vino que vendo lo tengo registrado como los demás vecinos de esta villa y no encubierto cosa alguna (…) ansi registrado comencé una tinaja y en ello no se ha cometido delito ni usurparle sisa ninguna, antes cuando se comenzó la tinaja llamé a los regidores para que viesen la dicha tinaja”
Por si esto fuera poco, nos ofrece otras razones de peso que sustentan su inocencia:
“porque soy hombre honrado, de buena vida, fama y costumbre y de mucha confianza”
A todo esto Juan Gutiérrez responde:
“la tasación la hizo Miguel de la Plaza porque como parte interesada no hizo tasación en su vino justamente”
De lo que se deduce que se llevaría algún porcentaje de la venta del vino de Pedro Marina según sostiene el aforador.
Debía ser habitual que cualquier vecino que tuviera vino pudiera venderlo sin otro tipo de condición que la de pagar la correspondiente sisa. Muestra de ello es que en 1780 se prohíbe a los vecinos vender vino durante las fiestas de forma que la ganancia le corresponda a la taberna:
“los días primeros de mayo de este año durante las fiestas que aquí se hacen al Santísimo Christo de los Ultrajes” porque esos días han de quedar privados los vecinos de vender su vino pormenor como lo hacen en el  año para que mejor lo venda la taberna”
La taberna era una de las denominadas oficinas municipales, ya que el concejo sacaba a subasta su concesión, beneficiándose de la renta aportada por el mejor postor. De estas posturas se conservan bastantes en las actas del concejo a partir del siglo XVII. Gracias al registro de estas pujas podemos conocer las condiciones poniendo como ejemplo ésta de 1695:
“porque pagara de sisas seiscientos y quinientos maravedíes de alcabalas con las castañas, vino y gallinas acostumbrado”
En cuanto a las medidas por las que se vendía el vino se nos habla por un lado de la “medida usada de nueve azumbres” que serían unos 18 litros y también de una libra, que aunque se utilizaba más para medir pesos también podía utilizarse para líquidos.
Por último, dejamos constancia de una peculiar transacción de vino que tuvo lugar en 1812. En un curioso expediente están recogidos todos los recibos firmados a Julián Sesmero, tabernero, por los distintos destacamentos militares, tanto franceses como guerrilleros, que durante los sucesos de la Guerra de la Independencia pasaron por nuestra localidad. En estos recibos se hace un exhaustivo recuento de todas las cantidades que el tabernero suministraba a las tropas de ambos bandos, aunque en el caso de los franceses el cobro debió ser algo más complicado según lo recogido en un vale.
“vale a Julián Sesmero tabernero obligado de esta villa cinco arrobas y seis cuartillos de vino que con presencia de testigos había entregado a la fuerza a los franceses que han estado en esta villa del parador del Molar”
Entre las tropas francesas beneficiarias del vino del tabernero se cita el cuerpo de húsares de Sepúlveda al mando de Juan de Abril y entre las que se alineaban en el bando de la guerrilla a las comandadas por “el Manco”, curioso personaje que recibió precisamente el apodo a consecuencia de una acción en El Casar. Formó parte de la partida de El Empecinado hasta que fue capturado por los franceses y cambió de bando pasando a comandar un destacamento de sus tropas.
                                                    Saturnino Abuín "El Manco". Fuente: Alcarria.com

Tal y como demuestran estos recibos, el vino era un producto de primera necesidad, imprescindible en cualquier situación y al parecer también en el equipaje de los soldados
“Vale a Julián Sesmero un cuartillo de vino para un soldado que pasa a Madrid”
Incluso en los precios para el herrero de 1658, una parte del pago se establece en vino:
“de echar un calzo poniendo el dueño la madera veinte reales y media arroba de vino”
Evidentemente esta situación que hemos presentado hasta aquí no se ha mantenido ni mucho menos hasta nuestros días lo que nos lleva a la última parte de esta entrada.

El abandono de las viñas

La disminución del plantío de viñas, hasta llegar a la situación actual, tuvo un factor determinante en la extensión de la filoxera que a partir de 1877 se extiende por toda España, procedente en gran parte de Francia pero al parecer también de algunas cepas importadas desde América. Esta plaga provocó que se arrancasen numerosas viñas, que probablemente en nuestro pueblo no se llegaron a reponer en la mayoría de los casos. A pesar de su mala calidad, las tierras que antes habían ocupado las cepas se dedicaron también al cultivo del cereal, mayoritario hoy en día en nuestra localidad.
En todo caso, no está de más conocer que hace no tanto tiempo nuestro pueblo se encontraba rodeado de viñas y muchos de sus vecinos vendimiaban y cuidaban las cepas como parte importante de su economía familiar.

Comentarios

  1. Hablando con una persona mayor (+- 87 años) aún recuerda las viñas en Valdemiel y San Roque/Retamales. Debieron perdurar en mayor o menor medida hasta los años 40.

    En relacion a las cuevas a las que muchos mayores hacen referencia y que segun múltiples testimonios atravesaban propiedades y calles tengo una sospecha. ¿Es posible que en el pueblo se realizará destilación y contrabando de aguardiente o algún licor similar?.

    A lo largo de los años 40 y 50 del siglo XX muchos vecinos se dedicaron a tapar con piedras estas cuevas ya que era común que los suelos de las casas se hundieran. Si queréis ver un hundimiento de los que os comento preguntar a Dña Teresa Alarilla. Una casa antigua que tiene en venta lo ha sufrido recientemente y se puede ver parte de la cueva.

    Un saludo.

    Jose

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  2. Sobre que pudiera existir algún tipo de actividad ilícita con aguardiente o licores en las bodegas del pueblo, la verdad es que no hemos encontrando ningún testimonio documental, pero quien sabe. De todas formas, si muchos vecinos disponían de bodegas y vino probablemente cada uno elaboraría su aguardiente, con lo cual no habría mucho mercado para el contrabando. Lo que si se dice, aunque queda en el terreno de los rumores es que en algunas ocasiones las bodegas eran escenario de menesteres “más carnales”.
    Eso si, volviendo al terreno de los hechos ciertos, prácticamente todas las casas en los aledaños de la iglesia contaban con su bodega, como es el caso de la calle Calvario o la calle Soledad. Es una pena que por razones prácticas, totalmente comprensibles, como comentas, muchas de ellas se taparan.

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  3. Muchas gracias. Una pregunta, ¿la foto de la bodega del casetón de Silillos es reciente?. Este fin de semana estuve viendo la que supongo es la entrada (en fábrica de ladrillo, forma semicircular, en el lateral del caseton que da al rio) y estaba casi cegada por basura.

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  4. Si. La foto de la bodega de Silillos es reciente. Si estuviste por allí supongo que habrás visto el estado en que se encuentra todo, lamentablemente va a aguantar ya pocos inviernos. Sobre la construcción que nos comentas en fábrica de ladrillo y semicircular, es posible que se trate, más que de una entrada a la bodega, de algún tipo de elemento hidráulico relacionado con la fábrica de fusiles con la que contó la finca en el siglo XVIII.
    Intentaremos publicar alguna entrada sobre Silillos, porque tiene una larga e interesante historia.

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  5. Ciertamente el estado es lamentable pero aun recuperable. La casa principal deja ver el esplendor pasado, con esos techos altos y chimeneas. Evidentemente un par de inviernos más y se acabó, quedara para el recuerdo como el palacio del Duque de Granada de Ega.

    ¿No se podía hacer algo para recuperarlo?. Sería un lugar ideal para Turismo rural, hacer películas, gastronomía. La verdad es que no sé quién es el propietario actual de la finca y hasta qué punto las administraciones públicas podrían tener interés en intervenir.

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  6. Mucho nos tenemos que tratándose de una propiedad privada, aquí lo que cuenta es el beneficio económico, y dado el estado del edificio parece bastante complicado que, sea quien sea, el propietario se decida a hacer algún tipo de inversión. Pero si que es cierto que si alguien lo hiciera es un sitio que podría tener bastantes posibilidades.

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